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La relación de Picasso con Sabartés
Entre los amigos de juventud de Picasso en Barcelona, destaca uno: Jaume Sabartés (Barcelona, 10 de junio de 1881 - París, 13 de febrero de 1968). Picasso conoció a Sabartés en 1899 en el taller que este compartía con el hermano del escultor Josep Cardona en la calle de Escudellers Blancs. Muy pronto se hizo evidente la buena sintonía que había entre ellos, y es así como iniciaron una relación de amistad, complicidad y admiración mutua que duraría toda la vida. Tanto en Barcelona, como durante las diferentes estancias en París, mantuvieron una relación estrecha y ambos formaron parte del mismo círculo artístico y de amistades. En 1904, Picasso se trasladó definitivamente a París y Sabartés se fue a Guatemala, donde viviría hasta 1927. Durante aquellos años, mantuvieron una relación epistolar. En 1935, después de un periplo por América, Sabartés fijó su residencia en París y se convirtió, a petición de Picasso, en secretario personal del artista y en su compañero inseparable.


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El 12 de noviembre de 1935, Sabartés llegaba a París y Picasso lo recibía en la estación del Quai d’Orsay. En el libro de memorias, Picasso. Retratos y recuerdos (Madrid, Afrodisio Aguado, 1953), Sabartés lo recuerda como un momento decisivo de su relación con el artista:

“A partir de ese día mi vida hace su curso en el cauce de la suya, sin preguntarme cuánto ha de durar esta ilusión: porque nos hemos propuesto eternizarla.”


Picasso dedica a Sabartés

Una prueba de la afinidad y el afecto entre Sabartés y Picasso son los retratos, pintados o escritos, que el artista hizo de Sabartés a lo largo de su vida. Después de la muerte de este, Picasso continuó regalando al museo un ejemplar dedicado a su amigo de todos los grabados que haría a partir de aquel momento como, por otro lado, había hecho en vida de Sabartés.

Sobre de una carta de Picasso a Sabartés
Museu Picasso, Barcelona. Fons Jaume Sabartés
Retratos de Jaume Sabartés hechos por Picasso

Picasso empezó a hacer retratos de Sabartés en 1900, solo un año después de haberse conocido, y lo siguió haciendo a lo largo de los años. A veces eran dibujos, otras, óleos o, incluso, poemas.


Grabados de Picasso dedicados a Sabartés

En 1935, Picasso vivía en París cuando empezó a sufrir la soledad del genio y pidió a su amigo Sabartés que volviera a su lado. Este regresó y se quedó. Fue en aquel momento cuando Picasso empezó a regalarle un ejemplar de todos sus grabados con una dedicatoria: al principio eran largos escritos, a menudo en tono de broma y, más adelante, cuando Sabartés se había establecido en París y Picasso en el sur de Francia, la dedicatoria se convirtió en “Pour Sabartés”. Y “Pour Sabartés” fue incluso después de la muerte de Sabartés, en 1968, puesto que Picasso continuó regalando un ejemplar de cada uno de sus grabados al museo de Barcelona.

Sabartés biografía a Picasso

La complicidad entre los dos amigos permitió a Sabartés conocer bien al artista, como él mismo decía, “sin que hable, por lo que hace, por cómo lo dice...”. Este trato asiduo hizo que Sabartés se convirtiera en su biógrafo más personal con varios libros de memorias, entre los que destacan Picasso. Retratos y recuerdos (1953) y Documents iconographiques (1954).